martes, 13 de octubre de 2015

La jurisdicción constitucional y el estancamiento del Derecho costarricense

Lo que está pasando en la jurisdicción constitucional no tiene nombre. El accionar que han venido teniendo sus magistrados deja mucho que desear y deberían poner las barbas y el cutis en remojo; es necesario que detengan el proceso de deslegitimación de esa influyente jurisdicción, es decir, su impronta se da más por la dictadura del artículo 13 de su ley que por el nivel de su jurisprudencia.
Para empezar hay que preguntarse: ¿Existe en el proceso de esa jurisdicción una fase de admisibilidad real? Pareciera que ello es un asunto del pasado y que en la actualidad no se sabe si la admisibilidad es un insumo para justificar su presupuesto; cualquier recurso o acción de inconstitucionalidad que se presente allí, va a ser admitido sin importar si el asunto ya ha sido conocido o si cumple con los requisitos establecidos por la propia ley de jurisdicción constitucional.
La masificación de los expedientes en esa jurisdicción, se han convertido en una realidad que hace imposible la emisión de sentencias con algún grado de rigor desde la perspectiva jurídica. El problema ha llegado a tal punto, que muchas de las sentencias que se emiten son un “refrito” y están basadas en procedimientos de corte y pegue que en nada hacen progresar al Derecho en general y al Derecho Constitucional en particular.
Lo peor de esto es que las otras jurisdicciones han adoptado como “fundamento” de autoridad las sentencias de la jurisdicción constitucional. Dicho en otros términos, el Derecho como un concepto general ha comenzado a girar sobre sí mismo; es decir, se ha estancado a pesar que parece moverse, sin embargo, ese movimiento es igual al que se observa cuando vemos a un hámster correr en la rueda giratoria. ¡Se mueve, pero no avanza!
Ante esta realidad, los abogados y abogadas reproducen en sus escritos los mismos argumentos vertidos por la jurisdicción constitucional, ello con la idea de aumentar la probabilidad de un resultado favorable en la instancia judicial en que está litigando. Para decirlo de manera clara y directa: El Derecho costarricense se ha convertido en una reproducción acrítica de lo que dice la jurisdicción constitucional. ¡Magister dixit!
Y el problema va más allá porque se tiene una duda razonable en el sentido que quienes redactan las sentencias de esa jurisdicción no necesariamente son los Magistrados, propietarios o suplentes, que han sido designados por la Asamblea Legislativa para esta función. En efecto, dado el volumen de expedientes, resulta imposible que un juez constitucional pueda, ya no redactar sino leer los diferentes proyectos de sentencia que se supone tiene a cargo como ponente; en una buena cantidad de casos, son los letrados quienes están emitiendo sentencia aunque digan que los Magistrados leen y aprueban los proyectos que aquellos hacen.
Y aún con esta realidad y con base en estos números, los Magistrados de esa jurisdicción tienen tiempo para asistir a actividades académicas y acudir a eventos en el extranjero. El asunto de fondo no está en que ellos no tengan la posibilidad de hacer ese tipo de acciones, sino que gran parte de la jurisdicción constitucional está en manos de personas que desconocemos su idoneidad porque son elegidos con base al criterio de confianza de cada Magistrado propietario.
Como se puede observar, estamos ante un problema más profundo y que trasciende a la jurisdicción constitucional. Ya no solo se cuestiona las deficiencias que hemos señalado de la Sala Cuarta, sino que todo esto está incidiendo en un estancamiento de todo el Derecho costarricense.
El dogmatismo ha llegado a tal nivel de paroxismo que en algunas Escuelas de Derecho se enseña Derecho Constitucional, con antologías de solo sentencias de la jurisdicción constitucional costarricense. Ya no se lee a clásicos como Biscaretti di Ruffia, André Hauriou, Karl Löwestein o el mismo Carl Schmitt, sino que ahora los muchachos tienen que aprenderse las sentencias emanadas de la Sala Cuarta.
Como filósofo me toca señalar el estancamiento que está provocando esta situación en el pensamiento jurídico costarricense. Toca a otros reformar y corregir lo que sea necesario para evitar que la jurisdicción constitucional se siga desprestigiando y de paso arrastre a las otras jurisdicciones del Poder Judicial.
Ante esta realidad, me parece oportuno recordar lapidariamente lo dicho por Löewestein en su conocida Teoría de la Constitución: “Los detentadores del poder, políticamente responsables – gobierno y parlamento-, están expuestos a la tentación de llevar ante el tribunal [ constitucional ] un conflicto político. Los jueces, por su parte, están obligados a sustituir las decisiones de los responsables detentadores del poder por sus juicios políticos, camuflados en forma de sentencia judicial. Instalar un tribunal como árbitro supremo del proceso del poder – y éste es el núcleo de la “judicialización de la política”-, transformaría, en último término, el sistema gubernamental en un dominio de los jueces o en una “judiciocracia”.

lunes, 5 de octubre de 2015

Hay que desconfiar de aquellos que señalan a los demás con el dedo y se golpean el pecho

La política costarricense ha comenzado a confundirse con la ética y lo que es peor, también con la religión. De un tiempo para acá el discurso político y los juicios en relación con quienes se desarrollan en esta actividad, han potenciado la idea que los políticos deben ser éticamente puros y que no les es dable contravenir las normas religiosas.
La política, a lo largo de la historia de la humanidad, nunca ha sido de personas buenas o de santos. Ni Alejandro Magno, Julio César, Carlomagno, Fernando e Isabel, Enrique VIII, Luis XIV, Napoleón Bonaparte, Nicolás II, Franklin Roosevelt, Winston Churchill, Charles Gaulle, Mao, John Kennedy, Margaret Thatcher, Mijaíl Gorbachov, Bill Clinton o Angela Merkel, por citar algunos personajes, han tenido semejantes características.
Ni Simón Bolívar, Miguel Hidalgo, Antonio José de Sucre, Bernardo O´Higgins, Domingo Faustino Sarmiento, Hipólito Yrigoyen, Francisco Morazán, José Martí, Benito Juárez, Augusto César Sandino, Juan Domingo Perón, Getulio Vargas, Fidel Castro, Rómulo Betancurt, Salvador Allende, Rafael Caldera, César Gaviria, Alan García, Lula Da Silva o Michelle Bachelet, han sido o son impolutos y tampoco han estado de pecado.
En nuestro medio, ni Juan Mora Fernández, Braulio Carrillo, Juanito Mora, José María Castro, Jesús Jiménez, Tomás Guardia, Bernardo Soto, Cleto González, Ricardo Jiménez, Alfredo González, Léon Cortés, Rafael Ángel Calderón, José Figueres, José Joaquín Trejos, Luis Alberto Monge, Abel Pacheco o Luis Guillermo Solís, entre otros, se les puede caracterizar por tener una pulcritud ética o una santidad próxima a la canonización
Al contrario, los principales protagonistas del ejercicio del poder se han distinguido por adoptar decisiones que no siempre están acorde con las normas éticas o con aquellas normas que han sido acuñadas por las diferentes denominaciones religiosas. De ahí que la separación entre política, ética y religión ha sido necesaria para tener un análisis más adecuado de las relaciones de poder; o dicho de manera sencilla, no se puede esperar que un político se comporte con determinadas normas éticas o religiosas porque ello no ha sido la constante a lo largo de la historia. ¡Eso es algo anormal!.
Entendámonos. Nadie está diciendo que los políticos no deberían respetar las normas éticas o religiosas, ese es otro tema; lo que planteamos es que históricamente ha habido políticos que se han considerado buenos gobernantes y no necesariamente han actuado de conformidad con la ética o la religión. Ellas no son condiciones necesarias para que un político desarrolle acciones que cuenten con la aprobación de los ciudadanos.
Quizás por eso encontramos personajes que a pesar de haber sido cuestionados éticamente o de actuar en contra de las denominaciones religiosas, se les ha elegido y reelegido como gobernantes. La política no es para personas intachables o para ángeles, suele ser de personas con defectos y virtudes, pecadores, como la mayoría de nosotros.
El problema es cuando hay personajes que se creen o actúan más allá de esos parámetros de normalidad. Me refiero a los que se consideran con la potestad de señalar a los demás sin darse cuenta que ellos pueden ser señalados también; en otras palabras, resulta sospechoso que un político pretenda ser inmaculado en una actividad en que esa característica es difícil de encontrar. ¡El que esté libre de pecado que tire la primera piedra!
La experiencia nos dice que cualquier político está expuesto a realizar acciones que se pueden considerar en contra de la ética o de la religión. Nunca he confiado en aquellos que dicen ser puros desde el punto de vista ético y mucho menos en aquellos que se golpean el pecho para mostrar a los demás su apego a las normas religiosas; existen infinidad de ejemplos que han mostrado la falsedad de tales conductas y han evidenciado el fanatismo que hay detrás de ellas, es decir, son personas de las que es necesario desconfiar porque utilizan la ética o la religión para esconder sus verdaderos intereses.
Por desgracia la política costarricense se ha llenado de estos personajes y los medios de comunicación se han convertido en cajas de resonancia de esta forma de entender la actividad que desarrollan los políticos. No han entendido que la política es distinta de la ética y de la religión, sin embargo, en la actualidad se ha permitido que personajes con ideas cercanas a los fundamentalistas de diverso credo, tengan una mayor preponderancia en los medios de comunicación.
Los fanáticos siempre han existido y han utilizado la ética o la religión para cometer las más terribles acciones en contra de otras personas. Muchos de los peores hechos históricos de la humanidad han sido realizados por este tipo de personajes, empero, el problema no es que manifiesten su fanatismo sino que haya gente que los siga.
Cuentan que Sigmund Freud cuando, el 10 de mayo de 1933, los Nazis hicieron la quema de libros de aquellos autores que eran considerados anti-alemanes, expresó: “Estamos progresando, en otra época quemaban a las personas, pero ahora se conforman con quemar solo sus libros”
La historia mostró que tan equivocada fue esta afirmación de Freud, ya que los hornos de cremación siguen humeando setenta años después. Incluso, seguimos quemando gente pero ahora en los hornos de los medios de comunicación y en las redes sociales. Los inquisidores no han desaparecido, solo han cambiado de ropajes y de antorchas.
Bien mirado: ¡La humanidad no ha progresado mucho! ¿Y Costa Rica? ¡Tampoco!

lunes, 28 de septiembre de 2015

¡No hay peor ciego que el que no quiere ver!

Estamos en un punto de inflexión en la historia política costarricense. Hemos venido escribiendo que se está lidiando una batalla en que, por un lado, se pretende imponer la hegemonía absoluta de un pequeño grupo que se ha hecho inmensamente rico en los últimos treinta años; o por otro, establecer la posibilidad de un contrapeso en que los grupos que comprenden la coyuntura que estamos viendo, buscan aguantar las embestidas de aquellos que quieren imponer definitivamente su ideología, su modelo económico y su forma de organización política.
Ya cansamos insistiendo que esta batalla se está librando, principalmente, en el ámbito ideológico. El objetivo primordial de los grupos que dominan la economía costarricense es ocultarse tras el velo de las sociedades anónimas y apalancarse con un discurso que invisibiliza los grandes negocios que han venido desarrollando en distintas actividades que se desarrollan en sectores como: el financiero, la construcción, la salud, el entretenimiento y la educación, por mencionar los más relevantes.
La estrategia de invisibilización les ha permitido que el costarricense promedio no tenga capacidad de identificar quiénes están detrás de los grandes capitales nacionales. Solamente cuando alguno de estos personajes se les ocurre salir del anonimato, es posible advertir quién está detrás de las dos constructoras que captan la mayoría de contratos de obra pública o quiénes son los banqueros que están detrás de las principales entidades financieras privadas que operan en Costa Rica.
Hemos mencionado sólo algunas actividades relevantes, sin embargo, existen muchas otras que han logrado acumular mucha riqueza que, lamentablemente, no se queda en nuestro país porque usualmente se trasladan a bancas off shore o a paraísos fiscales en algún lugar del planeta. Se trata de una estrategia de invisibilización que utiliza instrumentos jurídicos y financieros, así como herramientas de dominación ideológica a través de los medios de comunicación.
Lo más triste de esta situación es que las personas con los peores ingresos son los que estos grupos utilizan para realizar sus acciones. Por ejemplo, los policías son de los que reciben menos ingresos en el gobierno central, empero, son estos funcionarios a quienes ponen a cumplir las leyes que ellos han aprobado para amparar sus intereses; es decir, a los miembros de la fuerza pública les toca enfrentar a las personas que menos tienen, a los trabajadores y a las personas que solo pueden hacerse escuchar por medio de la protesta que realizan de diferentes formas.
No obstante, la estrategia ha ido más allá y ahora pretenden que los trabajadores del sector privado se enfrenten con los del sector público. Le han hecho creer a los empleados vinculados con las diferentes empresas del sector privado, que los salarios tan bajos que les pagan son por causa de las personas que trabajan en el sector público; en otras palabras, tratan de ocultar sus verdaderos intereses que consisten en mantener un salario bajo para lograr balances anuales positivos a costa de un bajo salario de sus empleados.
La incompetencia del sector privado se suele achacar al sector público. Si una empresa quebró no dicen que fue por ineficiencia de sus gerentes o porque no tuvieron la capacidad de administrar el negocio adecuadamente. Empresas como Jack´s, Gallito o la Yamber, por citar solo tres, han trasladado sus operaciones a otros países de América Central, porque en aquellos países la mano de obra es más barata.
La polarización que están logrando entre trabajadores del sector privado y público es muy peligrosa. Resulta muy delicado que se quiera manipular la información para hacer creer que el desempleo en el sector privado es responsabilidad de aquellas personas que trabajan en el sector público; empero, lo peor es que haya personas dispuestas a creer esta mentira y dirigir acciones en contra de trabajadores que se ganan su salario honrada y honestamente. ¡Están jugando con fuego!
Si los trabajadores del sector privado tienen bajos salarios lo que deben hacer es organizarse y negociar con sus patronos mejores condiciones salariales. Da tristeza darse cuenta que en el imaginario de la mayoría de los costarricenses, existe la creencia que las Convenciones Colectivas solo existen en el sector público; al contrario, existen empresas privadas que han desarrollado este instrumento jurídico con sus empleados, en todo caso pregunten a los banqueros: ¿Cuánto ganan en primas por administrar el ahorro de los costarricenses?
Los trabajadores del sector privado que están quedando desempleados son aquellos que tienen una muy baja escolaridad. Son aquellos que solo tienen su fuerza de trabajo y realizan procesos repetitivos que cualquier otro mortal puede realizar o que la tecnología ha automatizado, en esencia se trata de personas que pueden ser sustituidos por personas dispuestas a hacer el mismo trabajo por menos salario o en el peor de los casos, que pueden ser sustituidos por máquinas cuyo costo puede ser resarcido con una tasa de retorno relativamente baja.
A los trabajadores del sector privado les pregunto: ¿Si a los trabajadores del sector público les rebajan los salarios eso significa que a los del sector privado les van aumentar el suyo? La respuesta es no.
Los únicos que van a salir beneficiados con este tipo de medidas son aquellos que quieren deteriorar el empleo público con el propósito de hacerse de aquellos negocios que consideran rentables para sus intereses. Ya han avanzado mucho en los negocios bancarios y financieros en general, ya han posicionado en la cabeza de la gente que la salud pública no sirve y que la salud privada es mejor, cosa que es absolutamente falsa; con la educación pública han logrado triunfos a nivel de primaria y secundaria, sin embargo, a nivel de la educación superior se han topado con instituciones críticas que no están dispuestas a hincarse ante los designios e intereses de estos grupos.
Dicen que antes se acordaban este tipo de estrategias y negocios en el Club Unión, ahora, mientras los trabajadores del sector privado muerden el anzuelo y se enfrentan a los del sector público, los que verdaderamente mueven los hilos, fraguan sus estrategias en alta mar, en los yates que zarpan de la Marina Los Sueños o en cualquier otra de las existentes.
Mientras los trabajadores del sector privado o público tienen que levantarse todos los días para ir a trabajar, los que realmente mandan en este país, se aprestan a desayunar en un hotel de playa antes de jugar su partido diario de golf. Esta realidad es la que el costarricense promedio no puede observar y que los medios de comunicación se encargan de ocultar.
¡No hay peor ciego que el que no quiere ver!

lunes, 21 de septiembre de 2015

En política lo que no se ve es lo más relevante

Hay personas que no ven más allá de sus narices, creen que las relaciones de poder son aquellas que se dan entre los funcionarios que ostentan un cargo transitorio en el gobierno de la República. Sin embargo, esa forma de observar y entender la realidad política es totalmente insuficiente para comprender la complejidad de las relaciones de poder en una sociedad y genera explicaciones que se convierten en lugares comunes que, desdichadamente, son repetidos por los “expertos” y por quienes les escuchan cotidianamente. ¡Curiosamente, siempre son los mismos!
La definición de poder en su acepción más simple consiste en que una persona A realice lo que otra persona B quiere que haga. La definición de poder se materializa cuando una de las personas involucradas realiza la conducta querida por la otra persona, hasta que ello no ocurra la definición de poder no es aplicable y estaríamos en presencia de otro tipo de definición o concepto.
Se puede lograr que otra persona haga lo que yo quiero utilizando los más variados procedimientos, pero se podrá decir que tengo poder sobre esa persona hasta que la acción mandada sea concretada. El poder político, por ejemplo, lo tiene aquel que tiene la posibilidad de usar la fuerza para que una u otras personas realicen una determinada acción, sin embargo, cuando se aplica la fuerza y las acciones mandadas no se ejecutan, lo que se tiene no es poder sino únicamente fuerza.
Ahora bien, en las sociedades modernas se han ido ideando formas más sofisticadas de lograr que las personas hagan lo que otra persona quiere que hagan. El poder político sustentado en la fuerza pura y dura, ha sido relegado a ser la última ratio y ha permitido que otros poderes asuman los lugares de privilegio; en efecto, el poder económico y el poder ideológico han pasado a ser los más eficaces para lograr que las personas hagan lo que otros quieren que hagan.
El desarrollo de estos dos poderes ha sido tal, que el poder político ha tendido a quedar sometido a los designios de esos otros poderes. En la mayoría de democracias el uso legítimo de la fuerza ha sido monopolizado por el Estado, su utilización fuera de los límites establecidos por las leyes es considerado ilegítimo, ello significa que el poder político real se ejerce por medio de la incidencia que tienen las personas o grupos en la elaboración e interpretación de las leyes.
Para que nos entendamos y que quede claro lo que intentamos explicar. Si yo soy una persona que ha logrado acumular mucho dinero y quiero seguir haciéndolo por medio del negocio de préstamo de dinero, voy hacer todo lo posible para que haya leyes que favorezcan ese tipo de negocio y que sancionen a las personas que incumplan las normas que se han creado para regular el negocio de los préstamos bancarios o no bancarios.
En ese sentido, cuando una persona necesita de un crédito para comprar una casa, los que tienen el dinero (bancos o prestamistas) le cobran un interés al prestatario y si este no paga, por las razones que sean, la ley establece que quien presta el dinero puede recuperarlo utilizando diferentes procedimientos jurídicos entre los que se encuentra: el uso de la fuerza pública para desahuciar al deudor y recuperar el dinero prestado por medio del remate de la propiedad.
En el ejemplo que hemos puesto, el poder económico de los banqueros o prestamistas se ha materializado en la legislación que plasma los mecanismos que aseguran la recuperación de su dinero. Los diputados son los que aprueban las leyes, pero el poder real se desarrolla fuera de los procedimientos formales; dicho en otras palabras, el poder real se da fuera de los focos del público, ya que las reuniones con los grupos económicos interesados en promover este tipo de legislación se da en la oscuridad del espacio privado.
Por su parte, el poder ideológico ha venido incrementando su papel como mecanismo para ocultar los intereses que hay detrás de las diferentes leyes. El vínculo entre el poder económico y el ideológico se ha hecho cada día más estrecho, en la actualidad quienes tienen la propiedad de los medios de comunicación también se encuentran entre aquellos que manejan el poder económico; los intereses de aquellos son ocultados con base en la manipulación de la información, en la eliminación que se hace de esta o en la desinformación que se brinda al público.
Esta realidad la expresa de manera clara Elías Canetti en su conocida obra: Masa y poder. Allí, el autor nacido en Bulgaria indica: “Es un rasgo característico del poder la desigual capacidad para calar las intenciones y opiniones ajenas. El poderoso cala a los demás, pero no permite que otros lo calen a él. El más reservado deberá ser él mismo. Nadie debe saber lo que piensa o se propone hacer”. (Canetti, Masa y Poder, 1960, p. 434).
El poder real es como la materia oscura del universo. Aquella materia no la vemos pero es la que permite a las estructuras ser observadas y desarrollar su expansión en el espacio y en el tiempo; dicho en otros términos, el poder real es el que no vemos y es el que materializa las acciones de las personas que son vistas por la mayoría de las personas. ¡El poder real es el que no observamos a simple vista!
La mayoría de la población costarricense conoce quién es Luis Guillermo Solís, sin embargo, no conocen quién o quiénes están detrás de las empresas que se contratan para realizar las principales obras de infraestructura en el país. No saben, ni les interesa saber, quiénes son los accionistas de los principales Bancos privados costarricenses, de los medios de comunicación colectiva o de las principales empresas costarricenses de importación de bienes y servicios.
No por casualidad, Canetti en la misma obra mencionada, señala: “El secreto está en el núcleo más íntimo del poder”.

lunes, 14 de septiembre de 2015

El negocio de las malas noticias

Hace un tiempo escribí un artículo indicando que si uno es coherente debe abstenerse de alimentar con sus contribuciones, los noticiarios y demás espacios con los que lucran los medios de comunicación colectiva de la derecha costarricense. El artículo lo había escrito criticando a las personas que, con tal de figurar, se prestan para escribir, otorgar entrevistas o hablar de los conocidos lugares comunes en esas empresas de la comunicación.
En aquella ocasión recibí los más variados comentarios censurando mi posición. Había alegado que teniendo en cuenta la manipulación que se hace de los textos, entrevistas y demás materiales escrito y audio-visual, una persona coherente tendría que abstenerse de aparecer en esos medios de comunicación y debería buscar otras alternativas para hacer llegar su mensaje o pensamiento.
Y es que esas empresas de comunicación se nutren de la necesidad de figurar de muchos de los “expertos” que suelen aparecer, un día sí y otro también, opinando de todo y reproduciendo una serie de lugares comunes que escuchan en otras latitudes. No obstante, no se comprende por qué las personas que son objeto de ataques y de las más variadas formas de manipulación, se prestan para dar entrevistas y declaraciones que luego son usadas en contra de ellos mismos.
Hemos insistido en la necesidad de pensar o imaginar un modelo de comunicación que le permitan a los grupos que son atacados por las empresas de comunicación conservadora y del gran capital, llevar su mensaje a la mayoría de la población costarricense de manera eficaz y obviando la estructura mediática dominada por esos grupos económicos. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta que el internet no ha sido la solución a este problema, desgraciadamente, existe una brecha digital más grande que la que se da respecto a la televisión, la radio e incluso, en lo atinente a la prensa escrita.
De hecho, las empresas de comunicación se alimentan, no solo de las personas que buscan figurar, sino de las malas noticias en contra del Estado costarricense. La dinámica de resaltar o manipular las informaciones para que parezca que todo en Costa Rica está mal, tiene como objetivo que el Estado costarricense tenga la necesidad de invertir en publicidad para refutar ese tipo de informaciones y para resaltar las cosas positivas que los medios de comunicación no se dignan divulgar.
Lo más patético de todo esto es escuchar a muchos periodistas vinculados a estas empresas de comunicación argumentar que eso es libertad de expresión y de prensa. Da vergüenza ajena observar, escuchar y leer como contravienen los más elementales principios del periodismo de toda la vida; en otras palabras, se echa de menos el balance en la información, la información en lugar de la opinión y las pruebas para sustentar lo que se expresa a través de los diferentes medios comunicación.
Todavía más deprimente es darse cuenta que una buena cantidad de personas lo que hacen es repetir, irreflexivamente, las “explicaciones” que escuchan en estos medios de desinformación. Sin embargo, cuando uno les solicita que analicen con más profundidad sus planteamientos no saben que decir y no atinan a dar otros “argumentos” que los escuchados por la televisión o la radio porque, en muchos casos, existe una reticencia a leer las noticias de forma completa y peor aún, si se trata de textos con algún grado de dificultad académica.
No creamos en todo lo que vemos, escuchamos o leemos en los medios de comunicación. Las malas noticias son un negocio para unos cuantos porque con ello obligan al Estado y a otras instancias a pagar campos pagados y otros espacios para tratar de balancear las informaciones que se brindan al público; dicho de manera simple, el que no paga a estos grupos corre el riesgo de ser denigrado, calumniado, injuriado o difamado.
Los costarricenses debemos desarrollar una actitud crítica y ser desconfiados en relación con las informaciones y opiniones que nos ofrecen. No debemos creer de buenas a primeras lo que nos presentan estas empresas de comunicación, mucho menos creer ciegamente a los periodistas que preparan y ofrecen contenidos que riñen con los principios más elementales de esa profesión.
¡No nos prestemos para ese tipo de manipulación!

lunes, 7 de septiembre de 2015

La Selección Nacional de Fútbol: ¿Une o divide al país?

Estamos cerca, otra vez, de las eliminatorias para asistir a la fase final del mundial de fútbol a celebrarse en Rusia. Comienza el circo mediático y los que viven de esto, se frotan las manos ante la demanda desenfrenada de contenidos relacionados con “el equipo de todos”, es decir, se trata del inicio de una época que deja muchos dividendos en diversas actividades de la economía nacional.
También, como ha sido la costumbre, ya ha caído el primer director técnico y ahora comenzamos con un nuevo “proceso”. En lugar de Pablo César Wanchope se ha elegido a Oscar Ramírez y la esperanza es que llegue hasta el final, empero, si hurgamos en la historia de este deporte vamos a observar que las probabilidades de que eso ocurra son remotas.
Y es que, aunque cueste creerlo, hay personas que ponen de por medio sus preferencias particulares en relación con el apoyo a la Selección Nacional de Fútbol. He escuchado costarricenses decir que no apoyan al equipo nacional porque el nuevo director técnico tiene un pasado reciente vinculado a la Liga Deportiva Alajuelense; sin embargo, el señor Ramírez tiene la particularidad de haber sido jugador también del Deportivo Saprissa y asistente técnico en ese mismo equipo de fútbol durante la época en que ese equipo asistió al mundial de clubes en Japón.
No se comprende cómo una persona pueda preferir ir en contra de su propia patria con base en la afinidad particular que tiene con un determinado equipo de fútbol. Lo lógico sería que se apoye la representación nacional y que las disputas entre equipos locales queden en un segundo o tercer plano, sin embargo, esa conducta en contra del interés nacional también se refleja en otras actividades de la vida nacional.
Un país no puede prosperar cuando hay ciudadanos que tienen este tipo de mentalidad. Los costarricenses, desgraciadamente, tenemos un nacionalismo muy erosionado o casi inexistente; en otras palabras, somos contradictorios, creemos que somos un país bendecido por Dios y alardeamos de las bellezas naturales de nuestro país, pero por otro lado solemos ponderar como mejor lo que hacen en otras latitudes y no apoyamos lo nacional frente al extranjero.
Muchos costarricenses, cuando observa lo que le presentan por televisión, piensan que lo producido en otras latitudes es de otro mundo e inalcanzable para nuestras capacidades. Ha esto se une el discurso de muchos comunicadores que consideran que somos inferiores, por ejemplo, a los países europeos; situación que es reproducida por muchas personas no solo en relación con el fútbol, sino también a nivel general como sociedad.
De hecho en algún momento escuché a uno de los directivos que rigen la Federación Costarricense de Fútbol decir que el director técnico de la Selección Nacional de Fútbol debe ser extranjero. Según el razonamiento del señor, la presencia de un nacional en ese puesto divide a los costarricenses, especialmente, si la persona ha militado en alguno de los equipos más populares del país.
Este tipo de mentalidad lo único que hace es limitarnos y condicionar la acción que podemos hacer a nivel individual y colectivo. Cuando se habla de Europa se tiende a olvidar los hechos que a lo largo de la historia han sucedido en los países de ese continente, hay personas que viven añorando los goces de aquellas tierras pero nunca se han dado la tarea de investigar sufrimientos que se han dado en esa parte del mundo.
El director técnico de la Selección Nacional de Fútbol debería ser, siempre, un costarricense. Lo anterior debe ser así, no solo en el ámbito futbolístico sino en otros espacios del quehacer humano; se trata de una forma de entender la pertenencia a un país, estamos hablando de lo más profundo de la identidad nacional y de la conducta que deberíamos tener para con nuestros compatriotas.
Me resulta patético escuchar, de cuando en cuando, a algunos periodistas deportivos que son fieles reproductores de un discurso de inferioridad futbolística permanente. Me da vergüenza ajena saber que ellos consideran a los jugadores ticos incapaces de obtener resultados como los obtenidos en Brasil 2014; por dicha, pareciera que los jugadores con base en sus experiencias en el viejo continente, han sabido entender que aquello solo está en la mente y que se trata de limitaciones ficticias.
Existe algunas personas interesadas, pareciera, en hacernos pensar que somos unos ineptos y que solo en ciertos países pueden hacer las cosas bien. Dichosamente son muchas las personas que no se han creído el cuento y han cogido la sartén por el mango para demostrar, contra viento y marea, que en Costa Rica hay personas que no se creen ese cuento de carácter ideológico.
Nos guste o no el fútbol tiene la característica de llegar a la mayoría de la población. En lugar de dividir, este deporte y sobre todo la Selección Nacional de Fútbol deber servir para unir antes que dividir; dicho en palabras sencillas, sin perder el sentido de la realidad, es necesario que los ticos creamos más en nosotros mismos y descartemos a todo aquel que se crea menos ante los demás ciudadanos del mundo.

lunes, 31 de agosto de 2015

UCR: El terreno ganado no se regala a cambio de nada

Terminamos el mes de agosto hablando de la Universidad de Costa Rica (UCR). Lamentablemente, como era de esperar, los medios de comunicación colectiva tradicionales no han tenido la generosidad de reconocer los aportes y logros que ha tenido esta casa de enseñanza de estudios superiores en la sociedad costarricense; salvo algunas notas muy puntuales, muchos de sus graduados de Ciencias de la Comunicación Colectiva lo que han hecho es acatar las órdenes de sus patronos.
La UCR, por su parte, ha hecho un esfuerzo por divulgar su quehacer, sin embargo, desde hace mucho tiempo ello no es suficiente. Desgraciadamente, las acciones que hacen sus medios de comunicación y la Oficina de Divulgación de la universidad, no tienen la eficacia de llegar al común denominador de los costarricenses; en otras palabras, sus contenidos no están siendo conocidos por la gran masa, la que consume fútbol, sucesos y están esperando ver bailar al “Chunche” Montero.
Uno esperaría que en el Centro de Investigaciones en Comunicación (CICOM) hubiese uno o varios investigadores indagando de qué manera es posible hacer llegar a la mayoría de costarricenses un mensaje de manera eficaz y sin pasar por los medios de comunicación colectiva en manos de los “grandes” capitales de nuestro país. Dicho en otras palabras, deberían estar investigando o incluso imaginando, de qué forma podemos obviar a esos grupos mediáticos para que un mensaje alternativo pueda ser recepcionado por las personas que solo tienen la opción de acceder a la basura de contenidos que nos brindan los medios de comunicación del gran capital costarricense.
Y es que hay personas que no han entendido que estamos en una coyuntura en la que, nuevamente, se está decidiendo quiénes son los que van a pagar la factura de los gastos que generamos como nación. Después de los años cuarenta y hasta finales de los setenta, más o menos, se estableció una estructura tributaria que permitió desarrollar instituciones y políticas para generar una sociedad más equitativa; sin embargo, después de los años ochenta, ese proceso comenzó a cambiar y los grupos económicamente más fuertes comenzaron a imponer sus condiciones e intereses, creando una estructura tributaria regresiva. Resultado: Costa Rica al año 2015 es el país más inequitativo de la América Latina.
A pesar que estos grupos se han beneficiado del Estado costarricense, una vez que desarrollaron sus “músculos” financieros y su base de negocios, no han tenido la menor vergüenza de despotricar contra las instituciones estatales que les sirvieron para crecer. No solo han procurado apropiarse de aquellas actividades del Estado que les son rentables, sino que han posicionado un discurso en que las instituciones estatales se ubican como la causa de todos los males que le ocurren a la mayoría de los costarricenses.
Se trata de una estrategia de desgaste en el tiempo en que, por medio de un discurso continuado a través de los medios de comunicación que estos grupos dominan, se le vende a la población que una institución como, por ejemplo, la UCR gasta a manos llenas el presupuesto que se le asigna. Cualquiera que haya tenido un mínimo acercamiento con esta institución sabrá lo falso de semejante discurso, ya que existe una infinidad de acciones en que la universidad contribuye al desarrollo nacional y beneficia no solo a los grupos menos favorecidos sino también (paradojas de paradojas) a los mismos grupos económicamente poderosos que la adversan.
No obstante, no se puede perder de vista, que estos sectores actúan y se aprovechan de todas las situaciones que favorecen a sus intereses. Ahora, por ejemplo, están muy contentos y le abren las cámaras y micrófonos al Rector de la UCR para que diga que el porcentaje de anualidad que se paga a sus funcionarios es insostenible para las finanzas universitarias; sin embargo, han sido mezquinos en resaltar los méritos de la institución en estos setenta y cinco años, es decir, han resaltado y divulgado que el señor Jensen se ha puesto a dar estas declaraciones porque ello beneficia su discurso ideológico y sus intereses de grupo.
No hay que ser muy inteligente para comprender la estrategia que pretende seguir el Rector de la UCR y los otros miembros del Consejo Nacional de Rectores (CONARE). Empero, la autoridad moral que pretenden ganar con la reducción unilateral del porcentaje de anualidad es un espacio que están cediendo a cambio de nada; para decirlo en palabras sencillas, estos grupos económicos no reconocen estos gestos unilaterales y mucho menos van a hacer una campaña informativa o publicitaria diciendo que la UCR está dando el ejemplo frente a las demás instituciones estatales.
¿Qué sacrificio están haciendo estos grupos de interés a cambio que los funcionarios de la UCR y de otras instancias públicas se rebajen unilateralmente el porcentaje de sus anualidades? ¿Qué acciones van hacer esos grupos económicos para aportar algo en favor de una estructura tributaria más equitativa y progresiva? ¿Cuáles son las acciones unilaterales que los que más tienen harán para ayudar a los que menos tienen?
En ningún momento hemos escuchado que los dueños de medios de comunicación estén dispuestos a pagar un colón adicional por el monto ridículo que pagan por el uso del espectro radioeléctrico del Estado. Tampoco hemos tenido noticia que vayan a solicitar, como si lo hacen con los empleados públicos, a los diferentes empresarios que evaden impuestos o adeudan a la Caja Costarricense del Seguro Social que paguen y se pongan al día con la seguridad social.
Todavía estamos esperando que un periodista de un canal que queda al oeste de la Sabana, llegue con su micrófono y el camarógrafo de turno a increpar al Presidente de esa televisora por no pagar los impuestos que le corresponde a su representada y quién sabe si también los que compete cancelar también a su persona. Nos quedaremos esperando que estos grupos, en forma unilateral, quieran gravar las transacciones financieras que realizan a lo interno o a lo externo del país, es decir, la renta global encontrará una férrea oposición porque eso sí les afecta a estos grupos directamente.
Y es que el pobre…, el pobre no tiene para invertir en títulos valores, no tiene capitales especulativos, ni tampoco puede abrir cuentas en Panamá, Gran Caimán o Suiza. El pobre, señoras y señoras, no tiene y no sabe de este tipo de cosas. El pobre solo tiene en su mente sobrevivir en una sociedad que cada día más se vuelve más y más injusta.
Cualquier gesto de austeridad unilateral de las finanzas públicas debe ir aparejado de uno similar en relación con el cumplimiento de las obligaciones tributarias por parte del sector privado. No puede ser que los trabajadores paguemos los impuestos que nos rebajan en la fuente y los empresarios o profesionales liberales evadan el pago de los tributos que les corresponde honrar; no está bien que los funcionarios públicos se rebajen unilateralmente rubros que afectan su salario y que el sector privado siga evadiendo impuestos en la más absoluta impunidad, sin que muestre una sola acción para corregir esta realidad.
Ojalá al Rector de la UCR no lo entierren en cajita blanca y junto con él a todos los que están pensando que ello les brindará autoridad moral para la negociación del Fondo Especial para la Educación Superior (FEES). Está cediendo un espacio muy grande de terreno a cambio de nada, el cálculo político de que esta acción le pueda generar una posición moral de negociación frente a la opinión pública y a estos grupos es una apuesta muy riesgosa; para decirlo de manera diáfana, históricamente estos grupos económicamente poderosos no reconocen este tipo de acciones unilaterales, al contrario, lo que hacen es aprovechar este tipo de gestos para afianzar el espacio que se les han cedido y a partir de esa nueva situación, continuar con su trabajo de desgaste y limitar al máximo el margen de maniobra de sus opositores.
Por los hechos que se han dado, es evidente que las batallas que se avecinan no van a ser contra el Poder Ejecutivo. La lucha será contra los poderes fácticos que todos saben que existen pero están tras bambalinas, así como contra aquellos diputados que funcionan como escuderos y defensores de sus intereses; al final, el tema de fondo no es el presupuesto de las universidades, lo que se está jugando es: ¿Si los diferentes trabajadores asalariados van a seguir viendo limitadas sus posibilidades de movilidad social a través del deterioro y restricción de servicios públicos como la educación y la salud? o ¿Si los grupos económicamente más poderosos del país, de una vez por todas, van a ser obligados a pagar de acuerdo a su nivel de ingreso y se van a dignar a aceptar una estructura tributaria más progresiva y equitativa?
Don José Figueres Ferrer, probablemente, hubiese contestado esta última pregunta con una seña que solía usar y cuyo significado se resume en una sola palabra muy de nosotros los ticos. Don Pepe hubiese dicho: ¡Mirámela!